Oye, Carlos… (brevísima visita a la obra de José Emilio Pacheco)

 

"Digamos que no tiene comienzo el mar

Empieza donde lo hallas por vez primera

y te sale al encuentro por todas partes"

Mar eterno.

 

José Emilio Pacheco celebró su 70 aniversario y este mismo año Las batallas en el desierto, igual que yo, cumple 28: la edad del rock n'roll suicide. Celebremos:

 

 

1. Morirás lejos (1967) es una novela que habla de dos personajes, eme y Alguien, que se vigilan, uno desde una ventana, otro desde la banca de un parque mientras, "al mismo tiempo, sucede" la historia: pasado, presente, futuro. Un libro que nos habla de los sucesivos exterminios de los judíos a lo largo de la historia, desde la destrucción de Jerusalén por las legiones romanas de Tito Flavio hasta el holocausto en los vernichtungslager Nazis:

 

a) que nadie o casi nadie entre quienes morirán lejos de los lugares donde nacieron y han vivido admite la realidad del exterminio lo prueba la confusión babélica de objetos que se acumulan en el vagón y dificultan aun más el encontrar un sitio para sentarse

 

b) los hombres del Sonderkommando

 

los prisioneros encargados de limpiar a manguerazos la sangre la mierda los orines el vómito de los muertos

 

y romperán el animal de dos espaldas que con manos y piernas enlazadas forman la mayoría del cadáveres

 

con ganchos los llevarán hacia fuera

 

extraerán orificaciones dentaduras postizas puentes coronas placas arrancarán el cabello a las mujeres revisarán entrañas y genitales en busca de tesoros ocultos

 

 

 

2. Hablar de Pacheco, como plantea Pura López Colomé en un artículo para la revista Letras Libres en mayo de 2008, es hablar ante todo de un poeta. Su lírica explora diversos registros y su éxito entre los críticos y el público en general se debe quizá a su exploración de las formas clásicas y modernas y al enfoque universal de su poesía. Patente desde sus primeros libro como "No me preguntes cómo pasa el tiempo" (Premio nacional de poesía Aguascalientes y que este 2009 también cumple 40 años), entre sus temas-obsesión destacan: el tiempo; el mar; y la condición humana:

 

a) Ahora entiendo este misterio, este enigma:

el poder y la gloria no son nada:

con el jade y el oro bajaremos

al lugar de los muertos.

 

Nos dice el poeta un homenaje a Nezahualcóyotl

 

b) (Tarde o temprano a todos nos espera el naufragio.)

Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema […]

El lector, la lectora

harán o no el poema que tan sólo he esbozado.

No leemos a otros: nos leemos en ellos…

 

c) Las ruinas no son ruinas, el deterioro

es sólo de la piedra inconsolable.

La gente llega, vive, sufre, se muere.

Vienen los otros a ocupar su sitio

y la casa arruinada sigue viviendo.

 

d) Fuimos al matadero en un barranco

en tierra extraña, y como era justo

erigió nuestras tumbas el estado.

Porque al partir al frente

le obsequiamos los días

de nuestra juventud irrecuperable.

 

 

 

3. José Emilio Pacheco, luego de 9 años de silencio, publicó este 2009 el libro de poemas en prosa La edad de las tinieblas, cuyo título fue elegido "democráticamente" entre la concurrencia de la Feria del libro del Palacio de Minería en abril pasado:

 

a) "Tengo en su jaula de oro un nuevo pájaro. Negro y azul, vivaz y melancólico, es una cruza entre el parakeet (Melopsitacua undulatus), llamado en México Periquito de Australia, y la cuerva (Corvus corax) a la que Gabriel Zaid escuchó graznar "paraké, paraké".

 

Es lo único que dice nuestro pájaro. Por eso lo bautizamos Paraquet (nombre científico: Interrogator jampriden). Como el ave agorera llevada a Moctezuma al borde de su ruina, el Paraquet tiene un espejo por cabeza…"

 

 

 

4. Finalicemos este festejo con Las batallas en el desierto, elegida por poetas y escritores en 2004 como el libro más influyente de los últimos 30 años y afortunadamente: texto cuasiobligatorio para educación básica; ambientado en la Ciudad de México de los años cuarenta, cuenta la "historia de amor" de Carlos, un niño de clase media que narra sus experiencias enmarcadas en su contexto social y político: la Segunda Guerra, la influencia en la cultura estadounidenses y la moral ambivalente. El propio Pacheco se refirió a esta obra de la siguiente manera: "La ciudad que escribí en 1981 era ya una ciudad que no existía. Pero ahora, la ciudad que existía en 1981 tampoco existe ya". Llevada a la pantalla grande por el cineasta Alberto Isaac en 1987 y al rock por Café Tacuba en el 92, Las batallas en el desierto, con su prosa ágil y su tono nostálgico, es una obra más viva que nunca.

 

 

Más Pacheco: letras libres dot com





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rafaeltiburciogarcía.
publicado originalmente en el diario El Independiente de Hidalgo el 3 de julio de 2009.

La belleza de la deformidad (breve visita a la obra de Francis Bacon)



Este diciembre hará 100 años que el visionario pintor Francis Bacon vio por primera vez el mundo en Dublín, Irlanda. Si bien, la obra de este pintor fue reconocida ampliamente hasta después de los años sesenta, es considerado uno de los pintores más influyentes y originales del siglo XX.

Su obra, inspirada por artistas de la talla de Edvard Munich y Vincent van Gogh, pero también Francisco de Goya, Diego de Velásquez e incluso Nicolás Poussin aborda temas como la animalidad o el dolor, donde seres deformes o incompletos punzan en lo más recóndito de la mente sin que muchas veces podamos siquiera nombrarlos. Su mayor influencia fue el español Pablo Picasso y concretamente la vía abierta que éste dejó con la figuración y la representación obsesiva del cuerpo humano, que Bacon llevó a sus últimos extremos.

Según el filósofo francés Gilles Deleuze, en su Logique de la sensation la figuras de Bacon son las que mejor representan al hombre del siglo XX: si Cézanne lo hizo con el paisaje, Alberto Giacometti y Bacon llevaron al hombre a su mejor representación artística.

La de Bacon es una pintura de corte expresionista difícil de clasificar, porque nunca perteneció a ningún movimiento artístico y tiene elementos del surrealismo, el informalismo e incluso el racionalismo. De formación autodidacta, Bacon simplemente prosiguió lo que él consideró una continuación de la línea pictórica de Picasso.



Dedicó gran parte de su obra a autorretratos y retratos de amigos suyos. Para la tradición pictórica el retrato es un género de segundo orden y tiene la función de expresar la condición social o profesional de un personaje. Para Bacon es el intento de capturar una identidad más íntima: "que la pintura asuma de la manera más directa posible la identidad material de aquello que representa. Mi manera de deformar imágenes me acerca mucho más al ser humano que si me sentara e hiciera su retrato" menciona a Deleuze en su Lógica de la sensación.

Sin embargo, en esta misma deformación rescata el gesto personal. A pesar de su deformidad, los personajes son reconocibles: Bacon recupera sus rasgos mínimos para diferenciar entre uno y otro personaje.

El cuerpo humano es la otra obsesión presente en toda la obra del artista. Para Bacon, postula el investigador Adolfo Vásquez en su ensayo "Francis Bacon; la deriva del yo y el desgarro de la carne", el cuerpo se presenta como un objeto mutilado que regresa a la animalidad.

La fuerza de la ambigüedad de sus obras, ese contraste entre lo racional y las secreciones corporales, es lo que hace de Francis Bacon un referente crucial de la pintura posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando los basamentos modernistas parecieron desfallecer. El artista pone de manifiesto el choque de fuerzas que se origina en el mundo occidental: por un lado la vertiente racionalista, por otro, la vertiente organicista.

Su afición a observar animales, en su mayoría en reportajes fotográficos, le sirvió de entrenamiento para develar y expresar de forma más precisa el instinto humano. Bacon sólo quería captar ese instinto, el hombre despojado de su humanidad, el hombre como animal.

El cuerpo en la obra de Bacon no pertenece al hombre, no hay noción de hombre, acaso se hace carne y soledad, se desacraliza.



Tres estudios para una crucifixión, de 1962, tríptico actualmente expuesto en el Guggenheim Museum de New York, y considerado una de las pinturas más importantes no sólo en el siglo XX sino de toda la historia, y que lleva la noción de sufrimiento hasta extremos inconcebibles está fuertemente influenciado en el Guernica de Picasso, sin embargo gana a la pintura del malagueño en lo que respecta a la representación del dolor. Este tríptico une el discurso humanista de representación del dolor influenciado por la guerra, con otro discurso aparentemente antagónico, de exaltación de la razón y ambos se ofrecen al espectador con toda su fuerza.

Francis Bacon, como en su momento Van Gogh, Cezzane o Botticelli, es uno de esos afortunados callejones sin salida, uno de esos artistas tan originales, que parecen no tener ninguna relación con la historia del arte previa o posterior. 2009 es el bicentenario de Poe, hagámoslo también el centenario de Bacon.

 

Más sobre Bacon: www.fotos.org/galeria/showgallery.php/cat/630


rafaeltiburciogarcía

Publicado originalmente en el diario El Independiente de Hidalgo, el 26 de junio de 2009.

Pasantes de escritor (entrevista con Antonio Ortuño)


Un día antes de que la influenza detuviera, entre abril y mayo, toda la vida en México como la conocemos, los escritores Daniel Sada y Antonio Ortuño presentaron sus novelas en el Centro Cultural del Ferrocarril: Casi nunca, del baja californiano Daniel Sada, es la nueva obra de uno de los novelistas más arriesgados de la literatura mexicana actual, que desglosaremos en otra entrega.

Por su parte Recursos humanos, de Antonio Ortuño (1976), es una obra que explora el mundo de las oficinas y las relaciones entre jefes, empleados y desempleados, con una mirada irónica y mordaz; Esta obra resultó finalista del Premio Herralde de Novela en 2007.

La primera novela de Antonio Ortuño es El buscador de cabezas (2006), misma que recibió el elogio de la crítica mexicana por su humor negro, la agilidad de su prosa y su capacidad para explorar las contradicciones de sus personajes, dicha novela fue seleccionada por el diario Reforma como la mejor ópera prima del año. En 2006 apareció en España su libro de relatos El jardín japonés. Ortuño se ha desempeñado como reportero, editor y jefe de redacción y es colaborador habitual de publicaciones como Letras Libres, La Tempestad y Cuaderno Salmón.

En entrevista, el escritor realizó una crítica sobre la literatura joven que reproducimos a continuación:

 

Riesgos.

 

Creo que no son las circunstancias sino el carácter del escritor lo que marca el tipo de riesgos que está dispuesto a tomar. Me parece que, en México, el sistema de creación (tan apapachado por algunos organismos culturales y a la vez desdeñado por las editoriales) ha provocado que sean publicados escritores acomodaticios; no quiere decir que todos lo sean, quiere decir que quien no lo sea encuentra más dificultades para ser publicado.

 

Patetismo.

 

La línea sutil [entre las historias apasionantes y el mero patetismo] sería que una historia que está organizada para simplemente producir efectos anímicos parece una tomadura de pelo: un mecanismo. Puede resultar que una historia, un producto verbal, nos emocione pero más bien, me parece que debe de ser porque orgánicamente sucede eso: nuestro contacto, nuestra fricción con la prosa en sí. Me parece que lo importante aquí es la estética, mucho más que la búsqueda de esos "efectos de conmover". Y [por patetismo] me refería específicamente a lo que termina convirtiéndose en mecanismos de ciertas películas que están basadas casi como en resultados de un estudio, encuesta incluida, de qué es lo que quiere la gente, qué es lo que está esperando. Yo creo que la literatura da placer porque nos complace de una manera que no sabíamos o intuíamos que podíamos ser complacidos, no porque nos den por nuestro lado sino porque nos llegan por donde no esperábamos.

 

Becarios.

 

Escritores hay más que nunca y, desde luego, becarios, tres veces más, ya hay hasta pasantes de escritor: los becarios, que son como "gérmenes de escritor" que la sociedad va "cultivando",  apostándole que "algún día" va a escribir algo verdaderamente inusitado en la historia de la humanidad… Yo siempre hablo mal de los becarios porque nunca nadie me ha dado una beca. Lo que yo creo es que justamente el problema es que las becas meten a la gente en un esquema mental de producir ciertos textos, con ciertas características, porque están "dentro del rango de lo que se beca" eso es lo que me parece terrible. Hay escritores buenos que han recibido becas y otros que no; el hecho de que sea indistinto, de entrada, me parece que les quita esta infalibilidad que se les trata de dar: hay gente que pone como gran reconocimiento haber recibido una beca, en lugar de haber escrito un buen libro, debería ser al revés: que sobre los buenos libros se concedieran prebendas y no a quien es candidato "a ver si dándole mensualidades" escribe un buen libro, eso me parece ridículo.

 

Fuentes: Cecultah / Anagrama-Colofón.


rafaeltiburciogarcía.

Publicado originalmente en el diario El Independiente de Hidalgo el 19 de junio de 2009.


¿Cuenta el Libro Vaquero?

En pasadas fechas concluyó el taller Anatomía poética en la Biblioteca Central Ricardo Garibay, el más reciente de varios esfuerzos del principal órgano cultural del estado para, por decirlo de algún modo, “profesionalizar” a los escritores hidalguenses y “elevar” el nivel de la creación poética de nuestra entidad.

Dos hechos podemos destacar de este taller: el primero, que es la primera vez que se concreta una publicación de estas características en Hidalgo (una publicación, cabe mencionarlo, austera y de tiraje reducido que, sin embargo, busca ampliar su espectro de lectores por medio de la publicación de un e-book y la distribución por correo electrónico), un hecho sin precedentes, al menos de manera oficial, si bien ha habido mucha intenciones y pocas concreciones, no sólo en Hidalgo sino en todo el país.

El segundo hecho es que con este volumen, afirmó el poeta Jair Cortés, coordinador del taller y la publicación, los hidalguenses hacen una pequeña “aportación a la tradición literaria mexicana”, algo que suena hiperbólico pero no es del todo errado si atendemos a su consideración de la tradición como “un banco que realiza préstamos (literarios) sin perder nada y, al contrario, obteniendo una ganancia (en este caso una publicación)”.

Partimos de este hecho porque fortalecer, y pertenecer, a una tradición literaria es una cuestión relativa cuando tomamos en cuenta el porcentaje de lectores con que cuenta nuestro país. Según datos del famoso estudio elaborado por CONACULTA y el Área de Investigación Aplicada y Opinión del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, con estándares de la UNESCO, en 2006, los mexicanos leen apenas 2.9 libros al año. Si a esa cifra quitamos los libros técnicos, académicos, internet, periódicos y revistas, tenemos una cifra que no parece tan desalentadora: al menos 35 millones de mexicanos acceden a obras literarias, pero si vamos más a fondo, sólo el 9.2% lee porque le gusta y 6.8 para divertirse (lectores de revistas, sobre todo comedias y espectáculos) y el panorama cambia: poco más del 5% de los mexicanos leen literatura, lo que concuerda con la cifra oficial del estudio: que apenas el 4.2% de los lectores rebasa los 10 libros por año; y en por el contrario, cuatro de cada 10 mexicanos mayores de 12 años nunca han asistido a una librería.

Esto es: un tercio de México no lee ni el TvNotas.

En contraparte este estudio matiza y cuestiona dos ideas preconcebidas: que la lectura de libros se puede medir con su venta y; la otra, romántica, que los mexicanos sólo leen medio libro al año. Y nos lleva a otra reflexión, los programas: “En la encuesta no se da cuenta de esto, no se le preguntó a la gente si había tenido algún contacto con la información del Programa Nacional de Lectura” señala el investigador Gregorio Hernández, doctor en Lengua y Cultura escrita, para un artículo de Héctor Gonzáles, publicado para el FCE en noviembre de 2006, “Me concentro en este programa porque es el que opera directamente en las comunidades” concluye. La situación ha cambiado desde 2006, dado que actualmente en las bibliotecas públicas del país existen programas permanentes de fomento a la lectura, aunque ante estas cifras, es claro que no resultan del todo eficaces.

¿De qué sirve una tradición literaria amplia, ante este panorama? y viene a la memoria un sondeo para radio, realizado en 2006, sobre este mismo tema, por la SEP estatal: en aquella ocasión uno de los encuestados, un estudiante, ante la pregunta ¿cuántos libros lees al año? respondió “¿Cuenta el Libro Vaquero?” La situación es clara, la labor de fomento a la lectura de 386 bibliotecas estatales y más de 23 mil biblioteca de aula es insuficiente: porque si la cifra no ha cambiado en estos tres años significaría que en los municipios, en las comunidades, en las escuelas, en los mismos salones de clase, los alumnos, con acceso a los libros, no están leyendo; y es esta situación la que se debe analizar a fondo, ya que resulta evidente que el problema de la lectura en México no es de infraestructura, distribución o acceso, sino cultural.

Fuentes:
http://www.fce.com.mx/prensaImprimir.asp?art=2674
http://www.esmas.com/noticierostelevisa/mexico/577649.html
http://www.el-universal.com.mx/notas/420580.html

(las páginas de UNESCO, UNAM y Conaculta, curiosamente, no presentan datos al respecto en sus páginas).


rafael tiburcio garcía
Este artículo fue publicado originalmente en el Diario El Independiente de Hidalgo el 12 de junio del 2009

Autopublicaciones

Un amigo versado en los menesteres de las letras hispánicas, preguntaba qué es la Justicia Poética, no supe responderle y al final no acabó de quedarnos claro. Él mencionó que era un término recurrente en la literatura del Siglo de Oro Español. De manera más bien superficial y en tono de broma, sugerí que podía referirse a lo que un escritor puede recibir con el paso de los años: reconocimiento, publicación, altas ventas, cualquiera de esas u otras retribuciones.

La frase quizá tenga su origen en la siguiente leyenda: el poeta griego Íbico, unos 500 años antes de Cristo, al parecer murió en un asalto a manos de ladrones en los alrededores de Corinto, y pidió a una bandada de grullas que vengara su muerte. Poco después, en el teatro de Corinto, uno de los ladrones exclamó al ver una bandada de grullas: “Cuidado con los vengadores de Íbico”. De este modo el ladrón se delató.

Más allá de esta leyenda y las aplicaciones tan diversas que de la justicia poética se ha hecho con el paso de siglos y corrientes, nos interesa regresar a esa primera asociación, errónea de entrada pero que dio pie a la reflexión de lo que puede o no recibir un escritor con su trabajo.

Con las facilidades que ofrece la modernidad, la autopublicación se ha convertido en una opción viable para dar a conocer la obra que se desarrolla. En este contexto, la creación literaria está frente a un nuevo panorama: la independencia (si comparamos la autopublicación con la producción discográfica de bandas independientes), que ha crecido gracias a la internet, la tecnología y la globalización. Hoy en día ya no es extraño acceder a la obra de escritores que se autopublican (que pagan sus ediciones, imprimen sólo la cantidad de libros que venderán, crean sitios web —blogger, myspace, facebook o e-zines son ejemplos claros de esto—, e incluso ofertan libros electrónicos para imprimir en casa o leer desde la pantalla).

Esta apertura de contenidos, facilitada por los avances tecnológicos, por un lado, y por las mismas imprentas y editoriales pequeñas, por otro, ha permitido que las obras, aunque no gocen propiamente de difusión, se encuentren ante la posibilidad de ser consultadas y un volumen de 500 ejemplares, por ejemplo, sea conocido fuera de las fronteras estatales y nacionales.

En una charla con el poeta y traductor Jair Cortés, realizada en el marco del taller Anatomía Poética, que imparte en Pachuca, mencionó, a propósito de la compilación poética homónima (una autopublicación de los miembros del taller), que el acceso a las nuevas tecnologías ha propiciado la disminución de costos de edición y la desaparición de la figura del editor, claras ventajas de la autopublicación: ya no se requieren editoriales para darse a conocer, el respaldo ya no es institucional, o no solamente institucional, sino que se enfoca de alguna manera a un retorno hacia el autodidactismo, a regresar a lo que pasaba hace algunos siglos, cuando el escritor, concebido como un fenómeno-aparte, realizaba su obra con sus propios medios.

Estas facilidades implican desventajas en sí mismas: las zonas en las que se corren riesgos, sobre todo en la propuesta, por el desconocimiento de ciertos procesos que sirven para garantizar cierto nivel de calidad (y recordemos que calidad es un concepto relativo); en el caso de la literatura, una lectura ajena, de un editor, por ejemplo, da un panorama distinto de lo que es o no un texto literario. Otra desventaja es la premura: un texto que se edita y publica de inmediato, como en un blog, está sujeto a menos filtros y, por ende, a más errores.

Por el momento, la autopublicación es ya una realidad presente, quizá parte de esa justicia poética de nuestros días. A final de cuentas, es el tiempo el que rescata u olvida las obras, por su trascendencia, más allá del impacto inicial que tengan.


Con ésta, reiniciamos esta columna sobre cultura, arte, literatura, educación, medios y sociedad, Idiosingracia está de vuelta. Nos vemos los viernes.



rafael tiburcio garcía
Este artículo fue publicado originalmente en el Diario El Independiente de Hidalgo el 5 de junio del 2009